El cuerpo

La máquina más poderosa que existe y que te permite interactuar y disfrutar de este mundo, es tu cuerpo, pero muchas veces no lo vemos así porque nos salió gratis, no lo valoramos hasta que nos volvemos conscientes por completo o enfermamos, está hecho para que no lo sientas, no sientes tu cabeza hasta que un día te duele, lo mismo con el resto del cuerpo, a menos que, a través de este libro te haga consciente de tus pies, de tus rodillas, de tu estómago o de tu codo derecho, ni te acuerdas que están ahí, cuando está en estado de homeostasis o balance interior, el cuerpo simplemente te ayuda a interactuar con el entorno, a vivir y gozar esta experiencia humana y si está completamente saludable puede pasar casi inadvertido.

El cuerpo es una maravillosa obra de arte, de ingeniería biológica, es de verdad sublime. El cuerpo puede curarse o enfermarse intencionalmente solo con creer, el efecto placebo y nocebo lo demuestran:

En un hospital de USA el señor Wright, se encontraba desahuciado, tenía un cáncer pancreático muy grave y los doctores no creían que sobreviviera ese mismo fin de semana.

El señor Wright, le había estado insistiendo al doctor que le diera una nueva medicina que había salido al mercado, llamada Krebiozen. Esta medicina se encontraba en pruebas iniciales para grupos muy específicos, para incluirlo en el grupo de control, el doctor tenía que certificar que le quedaban más de 6 meses de vida y este no era el caso, 6 horas era más probable.

Ante la insistencia el doctor decidió darle una píldora de azúcar y le dijo que había conseguido el Krebiozen y se la dio, se dijo a sí mismo, -Bueno al menos morirá tranquilo- y se fue a casa.

Cuál fue su sorpresa, que al regresar al hospital el lunes siguiente, encontró al señor Wright paseando tranquilamente por los pasillos del hospital. Al verlo el señor Wright le dijo:

  • Doctor, que bueno verlo, me siento de maravilla, que bueno que pudo conseguirme el Krebiozen. (y se puso a bailar)

El doctor lo observaba atónito, él sabía que solo era una píldora de azúcar, al hacerle los exámenes de sangre y resonancias, encontró, inesperadamente que el señor Wright se encontraba en perfecto estado de salud, todos los tumores se habían derretido, cual chocolate en la playa y las muestras de sangre regresaron con niveles normales y saludables en todos los indicadores.

Dieron al señor Wright de alta y este se fue a casa, pasó una semana de lo más feliz y tranquilo, sintiéndose de maravilla, hasta que una mañana leyó en el periódico: “El Krebiozen presenta fallas y no están tan seguros de sus efectos.” De inmediato el señor Wright comenzó a sentirse mal y se fue al hospital, el doctor extrañado lo recibió y le hizo las pruebas, encontró que todos los tumores estaban de vuelta y los indicadores se habían vuelto a disparar. Ante esto pensó para sí mismo -si funciono una vez, puede volver a pasar- decidió darle otra píldora de azúcar, diciéndole que la falla se encontraba en un solo lote del Krebiozen pero que esta, estaba mejorada y era una nueva versión. Lo mantuvo en observación y por la mañana lo encontró de nuevo paseando en los pasillos, lleno de ánimo y vida, al realizar los exámenes de nuevo había desaparecido y todo estaba normal y saludable. Lo dio de alta y no lo vio más, durante los siguientes 3 meses el señor Wright vivió tranquilo y con normalidad, iba y venía sin problema alguno y se sentía completamente saludable, una tarde el noticiero anuncio: “Krebiozen es un fraude, no funciona para nada.” Esa misma noche el señor Wright murió.

Esta historia que se encuentra documentada en “La base de datos de remisión espontánea” del instituto Noetic en California, junto con más de 3500 casos. Nos demuestra el poder de las creencias y de la mente sobre el cuerpo y el mismo poder de nuestro cuerpo para sanarse a sí mismo, para producir cualquier químico necesario y restaurar la salud a las células del cuerpo sin importar que tan grave parezca el padecimiento, esto se conoce como el efecto Placebo, en esta misma historia podemos observar lo contrario, el efecto Nocebo, que es la capacidad del cuerpo de crearse enfermedades físicas reales e incluso la muerte a través de creencias firmes de la mente.

En el cuerpo podemos ver los indicadores de cuando algo no anda del todo bien, por eso creo que es importante que escuchemos a nuestro cuerpo en todo momento, cuando algo nos duele o sentimos algo, es como si el foquito del tablero de “Check Engine” o el de la gasolina del auto, se encendiera, significa que hay algo mal en otros niveles y que es momento de hacer consciencia de ello,  si es el de la gasolina, come algo y se te pasa, pero también es importante, cuidar lo que comemos y los horarios en lo que lo hacemos, yo siempre he adoptado una creencia muy Zen al respecto, como cuando tengo hambre y duermo cuando tengo sueño, despierto cuando ya no tengo y bueno tu entiendes cómo funciona el resto.

Jesús hablaba del cuerpo humano y se refería a él como la casa o el templo, tenía mucha razón, pues nuestro cuerpo es la casa donde habita temporalmente nuestra consciencia, espíritu, alma o como decidas llamarlo, es también por eso que es importante cuidarlo como tal. Cuidarlo con buena alimentación, ejercicio, poniendo atención a las señales que nos manda y creando armonía.

Nuestro cuerpo va envejeciendo, pero no así nuestro ser, diviértete, amate y disfruta la experiencia temporal humana, no hay por qué tomárselo tan en serio, pues nadie ha salido vivo de ella jamás. No permitas que la tristeza, el pasado y las emociones de carencia, soledad y separación te amarguen la vida y el momento, solo vivimos un momento a la vez y si te enfocas solo en este momento, y nada más, verás cómo todas esas “necesidades” y sentimientos amargos desaparecen, nada de eso existe cuando vives en el presente con totalidad.

“Cuida el exterior tanto como el interior, porque todo es uno” -Buda