El ego

Creo que he hablado bastante del ego en este libro, pero le daremos su propia sección para que se sienta bien consigo mismo (sarcasmo). Y para que tu conozcas un poco más de su naturaleza, sus funciones reales, su supuesta identidad y sus efectos en tu vida.

“El ego es un buen sirviente, pero un mal amo” Ravi Ravindra.

Como vimos en la mente, el ego es una parte esencial de nosotros, cuando cumple sus funciones adecuadamente, en lugar de tomar el control, yo no estoy en contra del ego o del <<falso yo>>, de hecho, no estoy en contra de nada, al contrario, creo que todo tiene una función específica, una razón de ser, simplemente no lo sabemos utilizar. Todo este concepto del <<falso yo>> tiene el único propósito de transformar los impulsos de tu consciencia o tu verdadero yo, en acciones, interactuar con el mundo o con la parte objetiva de la mente para crear una experiencia. Pero cómo sabemos, cuándo le damos una vida propia, tiende a querer engañarnos porque desconocemos su origen y su función.

El ego toma poder cuando lo conviertes en una identidad, cuando confundimos el hacer, con el ser. Somos seres humanos, no haceres humanos, por lo que, cuando creamos una identidad con lo que hacemos, le damos el control total al ego o al <<falso yo>>  y en su naturaleza protectora y temerosa, hace que nuestra vida vaya adquiriendo falsos sentidos, se aferra a las ilusiones, pues son las que lo mantienen con vida y en control de nuestras percepciones, nos engaña y nos inventa historias que no son reales para nadie más. Crea mundos fatídicos y profetiza un futuro inexistente como una verdad inexorable, básicamente, hace que todas las ilusiones de pertenencia, de apego, de superioridad o inferioridad, de rencores y odios, de sueños futuros o añoranzas del pasado, parezcan nuestra única realidad. El ego como una identidad no existe en el aquí y ahora, solo puede existir en el pasado o en el futuro, por eso le encanta llevarnos ahí.

En 1543 Nicolás Copérnico descubrió que la tierra gira alrededor del sol, y no al revés como se creía, así el heliocentrismo, se impuso al geocentrismo, pero nada ha podido ganarle al egocentrismo, donde desde hace milenios, todo el universo, la existencia, Dios, la vida y anexos, giran alrededor de una sola persona y de su gran ego. Esto viene de carencias, de sentido de inferioridad, de ilusiones creadas por la mente, cuando nos identificamos con algo ese algo, se vuelve nuestra realidad, la mente y el ego están encargados en su nivel más crudo simplemente de protegerte a ti y a tus identidades, mantener todo con vida, si tú lo crees así, así será.

El ego cuando nos desapegamos de él, lo hacemos consciente y lo utilizamos para lo que fue concebido, una simple ayuda de interacción con el mundo físico, entonces se convierte en algo maravilloso, te puede ayudar a eliminar o almacenar todo lo que perciben los sentidos que no tiene un uso en el presente, te ayuda a interactuar con el mundo de manera más eficaz y sin complicaciones, a fluir a través de tu experiencia de vida, enfocándote en aquello que quieres e ignorando o almacenando el resto, un momento a la vez.

Yo creo que todo tiene un uso adecuado y un propósito real, simplemente ha sido mal entendido y sobrevaluado o menospreciado muchas veces, cuando creamos armonía en nuestro interior y nos conectamos con nuestra naturaleza y nuestra consciencia mas allá de todo, cada sistema y cada parte de nuestro ser, se acomodan, se unifican y comienzan a cumplir su función real.

Por eso creo en la importancia de la meditación como una herramienta para ayudarnos a crear esta armonía en nosotros y dejar ir lo que no pertenece, acabar con el ruido y la separación, detener la batalla constante en nuestro interior y conocernos realmente, conocer nuestro potencial ilimitado y nuestra naturaleza divina. Con esto, todo lo que no es real, desaparece, es a partir de ese silencio y paz interior, que puedes ver con claridad. La meditación va poco a poco disolviendo las telarañas de tu mente y la convierte en algo sutil, tan sutil, que desaparece el ruido y sus ilusiones por completo.

Ahora una historia que me gusta mucho dice:

“Un día Buda pasaba a través de un bosque. Era un caluroso día de verano y tenía mucha sed. Le dijo a Ananda, su principal discípulo:

-Ananda, regresa. Cuatro o cinco kilómetros más atrás hemos pasado por un pequeño arroyo. Tráeme un poco de agua. Llévate mi cuenco de mendicante. Tengo mucha sed y estoy cansado-. Había envejecido.

Ananda volvió hacia atrás, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían enturbiado el agua de todo el arroyo. Las hojas muertas, que estaban reposando en el fondo, habían subido a la superficie; esta agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Regresó con las manos vacías y dijo:

-Tendrás que esperar un poco. Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.

Pero Buda insistió, dijo:

-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.

Ananda no podía entender la insistencia, pero si el Maestro lo dice, el discípulo tiene que obedecer. Viendo el absurdo de la situación – de nuevo tiene que caminar cuatro o cinco kilómetros, y sabe que no vale la pena beber esa agua- él va. Cuando se está yendo, Buda le dice:

-Y no regreses si el agua sigue estando sucia. Si está sucia, siéntate en la orilla en silencio. No hagas nada, no te metas en el arroyo. Siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces llena el cuenco y regresa.

Ananda volvió hasta allí. Buda tiene razón: el agua está casi clara, las hojas se han desplazado, el polvo se ha asentado. Pero todavía no está totalmente transparente, de modo que se sienta en la orilla observando cómo fluye el río.

Poco a poco, y finalmente, el agua se vuelve cristalina … Entonces entiende por qué Buda había insistido tanto. Había un cierto mensaje en esto para él, y lo había entendido!!!

Rebosante de alegría, regresa bailando hasta Buda. Le entrega el agua y, postrado a sus pies, le da las gracias al Buda.

– ¿Qué estás haciendo? –dice Buda- Soy yo el que debería darte las gracias por traerme el agua-.

Y Ananda le replica:

– ¡No, soy yo! ahora puedo entender. Primero me enfadé; no lo demostré, pero estaba enfadado porque me pareció absurdo regresar. Pero ahora he entendido el mensaje. Esto es lo que en realidad necesito en este momento. Ahora puedo entender que con la mente ocurre lo mismo. Sentado en la orilla de ese pequeño arroyo, tomé consciencia de que era igual que mi mente. Si me meto en el arroyo lo volveré a ensuciar. Si me meto en la mente provocaré más ruido, empezarán a aparecer más problemas, a emerger más pensamientos, más quejas. Sentándome a un lado del arroyo he aprendido la técnica; ahora sé que debo mirar mi mente sin interferir en ella… Ahora me sentaré también a un lado de la mente, observándola con todos sus problemas, con todas sus suciedades y hojas muertas, con sus dolores y heridas, con sus recuerdos y pensamientos, con sus deseos y aversiones… Me sentaré indiferente en la orilla y esperaré al momento en el que todo esté claro”.

Y sucede espontáneamente, porque en el momento en el que te sientas en la orilla de tu mente has dejado de darle energía. Ésa es la auténtica meditación.”  – Osho: “Autobiografía de un místico espiritualmente incorrecto”; Pág. 225-226. Planeta De Agostini, 2007