Es un juego de apariencias

La mente se basa en las apariencias, juzga de inmediato por aquello que parece ser, por eso el ego nos coloca máscaras y personajes, con el fin, de aparentar lo que queremos pretender ser, con tal de pertenecer, de sentirnos aceptados y de cuidar de nuestras identidades autogeneradas. Es algo sumamente antinatural, nunca verás a un árbol de peras pretendiendo ser un árbol de manzanas, ni queriéndose convertir en uno, pues solo conseguiría ser un mal árbol de peras. Solo el ser humano pretende y aspira ser algo o alguien más.

Aparentemente el valor de las personas se mide por lo que tiene, por lo que sabe y por lo que aparenta, nuestros así llamados “líderes” en distintas áreas, solo pretenden saber lo que hacen y se ha notado cada vez más en esta época. Pero no eres lo que tienes, ni lo que sabes, ni lo que haces, ni lo que aparentas, ni el puesto, ni el nombre, ni la nacionalidad, ni el color, ni el sexo, ni la cuenta bancaria, ni el supuesto poder, ni nada de lo que la sociedad y la mente te hace creer que eres o tienes, al final no nos llevamos nada.

Las apariencias engañan, como bien dice el dicho, por eso tenemos que tener cuidado de lo que asumimos como un hecho, todo aparenta ser algo más, nunca juzgues a un libro por su portada, ni tampoco a las personas, de ser posible trata de evitar los juicios por completo, sé que suena complicado, dejar de pronto de hacer algo que has hecho toda tu vida, no parece tarea fácil, pero esa es una de las razones por las que escribo este libro, cuando vemos la realidad de las cosas, nos es más fácil decidir dejar atrás aquello que ya no resuena con nosotros, soltar lo falso y aparente para abrazar a nuestro ser auténtico y real.

Solo exponiendo esos juicios y etiquetas a la luz podemos ver a través de ellas, no hay nada que sea de cierta forma si o si, son solo las apariencias lo que engaña a nuestra mente, el mundo es un lugar lleno de posibilidades, donde todo el tiempo se están creando nuevas experiencias, nuevos momentos y de cada uno de esos momentos pueden surgir nuevas posibilidades.

Las apariencias, las máscaras y los personajes se desvanecen, no tienen sustento real alguno, son solo ilusiones creadas por la mente, con el fin de huir de lo que aparenta ser doloroso en tu vida y acercarte a aquello que consideras placentero.

¿Has visto a otra persona dormida? Si los observas, puedes ver su ser original sin máscaras, ni falsas pretensiones, las personas con las que he compartido mi lecho y he tenido el placer de ver dormir a mi lado, cambian y puedo observar claramente su divinidad, a veces con babas, pero divinidad sin duda. Nadie puede mantener el engaño toda su vida, al final en su lecho de muerte, cuando no tengan nada que perder y se den cuenta que todo fue en vano, ahí en ese instante desaparecerán por completo, pero realmente ¿Hay que esperar hasta ese momento?

Cuando se caen las ilusiones y las falsas pretensiones pierden sentido, puedes ver claramente que nunca tuviste nada que perder, que todo fue un invento, una farsa, que tu miedo no tenía ningún sustento y que desperdiciaste muchos momentos. Pero no importa cuando suceda esto, solo este momento es el que cuenta, solo el momento presente, es el que hay que valorar, atesorar y disfrutar al máximo desde tu ser original.

Adoptamos muchos paradigmas que aparentan ser verdad, pero si no los cuestionamos, si solo lo aceptamos, estamos cediendo, por omisión, nuestra propia libertad, nuestro libre albedrío y nuestra forma de vivir.

Una historia:

Un día cercano a navidad Ana de 5 años y su mamá Lupita de 36, cocinaban una pierna de cerdo. Ana miraba con mucha atención todos los pasos a seguir y Lupita con amor y paciencia le iba dictando las instrucciones:

  • Entonces Anita, lo bañamos con el adobo de chile ancho y antes de meterlo al horno, le cortamos las dos orillas.
  • ¿Y por qué mamá? (hermosa cualidad que a los 5 años no hemos perdido aun)
  • ¿Por qué, qué Anita?
  • ¿Por qué le cortamos las orillas antes de meterlo al horno?
  • A pues muy fácil… Porque… Así lo hacía mi mamá y siempre lo hemos hecho así, pero no se realmente porque lo hace, vamos a hablarle a tu abuelita y le preguntamos.

Llaman por teléfono a la mamá de Lupita

  • Bueno
  • Hola mamá, oye estoy cocinando con Anita y me pregunto porque le cortamos las orillas a la pierna antes de meterla al horno. ¿Tú sabes?
  • Hola hijita, no la verdad es que nunca me lo había preguntado, así lo hacía mi mamá, porque no le llamas y le preguntas.
  • Ok gracias mamá, te llamo más tarde.

Colgó el teléfono y le marcó a su abuela.

  • ¿Diga?
  • Hola Abu, soy Lupita, estoy cocinando con Anita y me preguntó porque le cortamos las orillas a la pierna antes de meterla al horno. Le pregunté a mamá, pero no sabe. ¿Tú sabes?
  • Claro hijita, eso lo hacíamos cuando tu mamá era una niña, en ese entonces, éramos muy humildes y el horno era muy pequeño, por eso había que cortarle las orillas, solo así cabía en él.

Como podemos ver en la historia, muchas veces repetimos patrones que se originaron en situaciones muy distintas a las actuales, no las cuestionamos y las seguimos como si fueran absolutas, si no recordamos nuestra capacidad de indagar, de cuestionar y de buscar más allá de las apariencias, podemos ir simplemente repitiendo y aceptando, viviendo con costumbres que no se originaron de donde la mente piensa y dándole razonamientos erróneos al origen de las cosas. Escapa de las apariencias y nunca te quedes con la duda, ni aceptes las cosas solo porque siempre se han hecho así.