Los Juicios nos Limitan en la Vida.

“¡Triste época es la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. – Albert Einstein

En aproximadamente 3 segundos después de conocer a alguien o ver algo, nuestra mente ya ha creado una jaula alrededor, encasilla y juzga de inmediato, tenemos juicios de todo y de todos, pero no son más que un reflejo de nuestra mente, compartimos las cadenas que nos atan a nuestra realidad limitada y tratamos de limitar la experiencia y a los demás.

Aunque las cadenas puedan parecer de oro y te encuentres muy acostumbrado a ellas, no son más que lastres que te mantienen atado a una ilusión, no te permiten fluir, ni disfrutar de la vida y de sus experiencias plenamente, simplemente permitiendo que sucedan.

Los juicios nos nublan la visión de la vida

Los Juicios nos Nublan la Visión

Nuestros juicios son como cataratas en los ojos que nos nublan la visión real del mundo, generados por nuestras creencias y condicionamientos, por la forma en la que vemos el mundo y la vida.

Dicen que no podemos monitorear cada pensamiento, que el ser humano tiene en promedio 60,000 pensamientos al día, me imagino ha de ser desgastante, aunque muchos ni cuenta se dan de ellos, por eso es importante poder analizar también, tus emociones, cómo te sientes y que te hace sentir así, hay dos o tres sentimientos al día en promedio, si los observas con consciencia sabrás si tu mente está o no en armonía con tu ser.

Cuando silencias la mente, cuando aprendes a observarla, todo cambia, el silencio es una gran fuente de sabiduría, si vives todo el tiempo en el momento presente y un momento a la vez, solo tendrás un pensamiento por cada momento y a veces ni eso, es más fácil, sucede naturalmente, no es algo por lo que esforzarse ni nada por el estilo, si dejas atrás el pasado donde pertenece y no permites que te defina más, y comienzas a ver el futuro como algo lleno de posibilidades, que no puedes adivinar y ni siquiera sabes si llegará, comienzas a vivir un momento a la vez, a sembrar aquí y ahora lo que quieres comenzar a recoger en el siguiente momento.

Entonces puedes comenzar a observar con tranquilidad tus pensamientos, el origen de los juicios y las creencias que los acompañan, la meditación también es algo que puede ayudarte en esto.

en una mente calmada no existen los juicios

En una mente calmada no existen los juicios

La consciencia es como un espejo, cuando la mente se encuentra en calma, los juicios desaparecen, solo refleja la realidad y la existencia sin necesidad de poner etiquetas sobre todo, es un reflejo de la vida misma, como un testigo que puede disfrutar de sí mismo, pero si en la mente hay ruido y ego, los juicios serán inmediatos, es como si tiramos una piedra al lago, el reflejo se distorsiona y se agita, pero si nos damos cuenta de ello, basta con esperar tranquilamente a que las ondas del impacto se disipen, para volver a ver ese reflejo con claridad.

“Un día un profesor universitario fue a visitar a Nan-in un Maestro Zen, intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro. El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.

Cuando llegó, saludó al Maestro y, le preguntó por el Zen, diciéndole que tenía mucho interés en aprenderlo bien, que había leído muchas obras, que había escuchado a otros maestros, que durante muchos años le había dedicado muchas horas de estudio.

Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiendo; el té desbordó la taza, se desparramó por la mesa y acabó cayendo sobre las piernas del invitado. El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.

– ¿Pero no se da cuenta de que la taza está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!

– Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones, conocimientos y creencias.

¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?

Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra. Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.

– Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.

– No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.

– Entonces, Maestro, ¿cuál es la actitud correcta? – No juzgar, y permanecer atento.»  – Relato Zen

Como nos cuenta este relato, cuando vamos por la vida “sabiendo todo” ya tenemos un prejuicio instalado en nuestra mente y rápidamente encasillamos todo, lo empaquetamos y ya no sale de ahí, negamos la posibilidad de las cosas, la incertidumbre que es maravillosa y nos cerramos a nuevas experiencias y a la infinitud de oportunidades que presenta la existencia, cuando entramos con la mente abierta, sin nada que juzgar, ni nada precondicionado, todo puede suceder.

juicios y la historia del caballo blanco

Nos obsesiona juzgarlo todo

Este relato lo ilustra también:

“En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco. Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo, pero el hombre decía:

“Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?” Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo.

Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo: «Viejo tonto. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!». -«No vayáis tan lejos»-dijo el viejo-» Simplemente decid que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es vuestro juicio. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento. ¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?». La gente se carcajeó del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco.

Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no sólo eso, sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes. De nuevo se reunió la gente «Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte.» -«De nuevo estáis yendo demasiado lejos» -dijo el viejo- Decid solo que el caballo ha vuelto… ¿quién sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Estáis leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo podéis juzgar el libro entero?».

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro pensaban que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos… El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar: «De nuevo tuviste razón -dijeron-. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y a tu edad él era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca.” —«Estáis obsesionados con juzgar» -dijo el viejo. “

No vayáis tan lejos, sólo decid que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto. Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían. -«Tenías razón viejo era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre». -«Seguís juzgando- dijo el viejo. Nadie sabe. Sólo decid que vuestros hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado. Solo Dios sabe si es una desgracia o una suerte que así suceda».

No juzgues o difícilmente lograrás la comprensión de los hechos. Te quedarás obsesionado con fragmentos, sacarás conclusiones de pequeñas cosas. Cada vez que juzgues, habrás dejado de entender.” – Relato Zen, Adaptado por «Cuentos Mensajes y Leyendas» por M.Sc. Domingo R. Villarreal

La vida se presenta en pequeños fragmentos a la vez, si tratamos de adivinar el futuro o crearnos una historia alrededor de eso nos perdemos de todo el contexto y limitamos las posibilidades con nuestras creencias, cuando vas por una carretera por la noche, las luces del automóvil solo alumbran los siguientes 100 metros aproximadamente, pero sabes que después de esos 100 metros otros 100 metros se revelaran ante tus ojos, lo mismo debes hacer con la vida, hay que confiar en que momento a momento se irá develando y no encasillarse o juzgarla de forma alguna a través de nuestra imaginación.

 

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