El lenguaje dormido

El lenguaje espiritual, contrario al lenguaje dormido, no conoce sentidos de propiedad ni pertenencia, no separa, ni busca hacerte sentir mejor o peor, busca siempre crear unión, amor y no marca diferencias entre seres.

Las palabras no pueden expresar realmente la esencia del mensaje que quiero transmitir, ya que fueron creadas con base en un <<yo>> imaginario, parte de la separación del ser.

Por eso, a lo largo de este sitio encontrarás, palabras que, aunque sé que pueden interpretar como separación, vienen desde un lugar de unión, colaboración y de formar uno con todo y con todos en el universo.

Lo que aquí encontrarás escrito es completamente tuyo, puede tener mucho significado, un poco o nada, así como un árbol para aquel que lo observa, depende de ti y está bien.

El lenguaje nos limita a tener una estructura y a formar oraciones, colocar una palabra después de la otra, gramaticalmente correcta, pero en la vida, en la existencia y en Dios no hay esa formación lineal; todo sucede al unísono, tú, yo, toda la naturaleza y el universo están sucediendo en este momento, mientras lees estas palabras.

Permitir

La palabra permitir se utiliza mucho en enseñanzas espirituales, pero no es literal, nadie permite nada, porque nadie pide permiso de nada.

La vida no te pide permiso para suceder, el universo no pide permiso y la existencia no necesita de la aprobación de nadie, para permitir, se necesita que exista un <<yo>> que <<autorice>> el suceso, lo que, a la existencia, a la consciencia y al ser auténtico, no podría importarles menos.

¿A quién le importaría la autorización de una ilusión?

A lo que se refiere realmente “permitir” es a una NO Resistencia. Cuando nos resistimos a algo, creamos separación, creamos sufrimiento e identidad con ese algo, por lo que la mente en su labor natural te protegerá a ti y a todas las cosas con las que te identifiques.

Ahora que lo explicamos ¿Vamos a usarla te parece?

Permite que fluya a través de ti la vida y la consciencia, el mundo es un lugar maravilloso cuando eliges verlo así.

La mente no es tu enemiga, pero a veces actúa como si lo fuese, cuando no la trabajamos se vuelve floja y mandona, es como cualquier músculo de nuestro cuerpo, si no los ejercitamos se atrofian.

Frecuentemente, pensamos que estamos ejercitando la mente cuando pensamos o cuando resolvemos problemas de la vida diaria, también en el sistema educativo tradicional, se nos enseña, que tener memoria es igual a ser inteligente.

Hoy quiero decirte, que no es así, el tener buena memoria nos ayuda a realizar ciertas tareas, pero no es la fuente real de la inteligencia.

La mente se trabaja al traer a la consciencia todo lo que haces inconscientemente, al relajarla, al observarla, al aceptarla como es y no identificarte con los pensamientos o las ideas que puedan fluir a través de ella.

(Hablaremos acerca de la mente en otro post.)

Tú eres mucho más de lo que te permites ser, nos ponemos reglas tontas que provienen de sepa donde, y las tomamos como un absoluto: “Si o si me tengo que comportar de cierta manera, si o si tiene que comportarse el mundo como yo digo.”

Estas reglas, junto con tus creencias, forman parte de lo que hoy conoces como tu identidad, pero la identidad no es más que una ilusión.

Sé que mucho de lo que leerás hoy puede chocar contigo y con tus creencias, pero no soy más que un reflejo de lo que crees, no hay malas intenciones detrás de este libro, de hecho, no hay intenciones, no depende de ningún resultado; solo es, solo está siendo realizado a través de mí.

Hoy el universo tiene un mensaje para ti: “Deja ir”

Deja ir y permítete ser feliz, muchas veces confundimos el origen de la luz y de las cosas, creemos que tenemos que pedirnos permiso para ser felices.

Pedirle permiso a tu historia, a tus apegos y tus creencias.

Generamos resistencia porque creemos que la vida es así, pero no lo es realmente.

Hay una historia que se repite a lo largo del tiempo, en momentos y situaciones diferentes, ha sido usada por personas como Buda, Wayne Dyer, Osho, Krishnamurti y varios más.

Básicamente, se trata de la historia de un hombre que pierde algo en la oscuridad…

Un día, Ray estaba tomando café en el sillón de su casa, cuando de pronto se fue la luz. Todo estaba completamente oscuro y no veía nada.

Al dejar su taza sobre la mesita por accidente tiró las llaves de su carro. Al darse cuenta de ello, comenzó a buscarlas, pero no podía ver nada.

Por la ventana vislumbro un faro encendido del otro lado de la calle y se dijo: “Voy a buscarlas ahí, será más fácil.”

Salió de su casa y comenzó a buscar bajo el faro, cuando su vecina lo vio, y le preguntó:

  • Hola vecino, ¿perdiste algo?
  • Si vecina perdí mis llaves y no las veo por ningún lado.

Comenzaron ambos a buscar las llaves bajo el faro, recorrieron toda el área, pero no encontraron nada, a lo que la vecina preguntó:

  • ¿Y en dónde las viste por última vez?
  • En mi casa vecina, pero como no se veía nada, salí a buscarlas aquí donde hay luz.

Por más obvia que suene la historia, todos hacemos lo mismo, aunque no nos demos cuenta de ello.

Los sentidos, que son nuestra puerta de comunicación al mundo exterior, apuntan hacia afuera, por lo que crean la ilusión de que hay más luz allí. Pero es solo una ilusión.

Tendemos a buscar lo que queremos fuera de nosotros, la felicidad, el amor, el éxito, la abundancia, la vida. Y lamentablemente tengo que decirte que nunca lo vamos a encontrar ahí.

Todo lo que estás buscando es natural, es parte de tu esencia, de quien eres realmente, solo es cuestión de “recordar.”

No sé si te ha pasado que de pronto escuchas algo distinto y resuena con tu esencia, con tu ser, sabes de alguna manera que es verdad y que ya lo sabías, pero en algún momento, de alguna forma, lo habías olvidado.

 

Yo – Mi ( en el lenguaje espiritual)

El yo del que te hablaré en este libro no es el yo que aparentamos ser.

De nuevo, dentro de las limitaciones del lenguaje de separación contrario al lenguaje espiritual, para describir algo hay que usar palabras cómo: “yo, tú, mío, tuyo”.

Pero en este libro, tú y yo somos uno, no hay mío o tuyo o de nadie, todo es parte de la existencia, de la consciencia que toma forma para contemplarse a sí misma.

Al morir no nos llevamos nada, porque no hay nada que llevar, la vida pasa a través de nosotros, es una con nosotros y el universo entero se encuentra dentro de ti, estamos conectados con todo y todo está conectado a nosotros, no existe nada que llevar o pretender.

El <<yo>> del ego es la ilusión, el que controla, acumula, se identifica, juzga y clasifica, el que sufre y se hace la víctima, al que le gusta llamar la atención y ser el centro de todo. Ese es el falso yo.

yo real es el que vive cada momento al máximo, se entrega y realiza cualquier tarea con totalidad, sin importar lo nimia que parezca; el que está conectado con todo y con todos; el que no se identifica con nada material, ni con los relatos que le cuenta la mente; no tiene etiquetas, ni depende de forma alguna de las historias del pasado o la ilusión del futuro, no necesita escapar, pues vive plenamente en el presente, un momento a la vez.

Yo, será tú yo real y << falso yo>>, el yo del ego. ¿Vale?

Al decir mi, no me refiero a ningún sentido de propiedad, pertenencia, exclusividad o cualquier concepto similar, solo me refiero a mi perspectiva, como lo veo desde la consciencia, desde la forma física, y de la misma forma que pasa la vida y la existencia a través de mí.

sentido de pertenencia en el leguaje espiritual

Image by Sarah Lötscher from Pixabay

 

La diferencia entre Conciencia y Consciencia

La conciencia, es la capacidad para discernir entre el bien y el mal, entre dos etiquetas y crear una moral.

Un compás interno que te guía, alejándote de lo que consideras malo y acercándote a lo que consideras bueno; este compás interno se encuentra en la capa más cruda o densa de la mente.

Es instintivo y aunque a muchos pareciera fallarles no es así, encuentran placer en lo que los demás ven como negativo o dañino en algún sentido.

Es algo muy necesario e importante en nuestra experiencia humana, y a su vez es lo primero que despierta en nuestro ser, un despertar de conciencia es lo que detona un despertar más profundo de consciencia.

Consciencia es de lo que habla realmente este libro.

Es nuestra capacidad para reconocer nuestra propia existencia, pero también es tú <<Yo Real>> muchos experimentan algunos destellos de esto en su vida, pero otros vivimos en ese estado casi todo el tiempo y es muy divertido.

Consciencia es también el campo del que emana todo y que se encuentra detrás de toda la creación, el espacio donde todo sucede, tanto dentro, como fuera de nosotros.

Consciencia es de lo que están hechas las cuerdas del universo, y la energía que transforma todo a nuestro alrededor, es inamovible y eterna, no tiene forma, pero lo contiene todo.

Es eso mismo que despierta en nuestro ser cuando tenemos un despertar espiritual, es la semilla de todo que nos eleva por arriba del pensamiento convencional.

Hablaré mucho más acerca de la consciencia y el despertar espiritual en el próximo libro de esta serie.

diferencia entre conciencia y consciencia

Foto de Harry Quan en Unsplash

Está bien

A lo largo de este libro encontrarás que te digo, “está bien”, pero no viene de un juicio, de hecho, nada está mal realmente, todo simplemente “es” y así está bien.

Es como el universo, la vida, Dios y la existencia lo necesitan en este momento, no pertenece a las etiquetas sociales a las que estamos acostumbrados, sino que viene de una no resistencia, de una liberación de juicios y juzgados.

Es como un: “no te preocupes, es parte de la existencia y es como debe ser.” Resumido en dos palabras “está bien”.

en el lenguaje espiritual todo está bien

Foto de Nataliya Vaitkevich: https://www.pexels.com/es-es/foto/ligero-ciudad-hombre-gente-4772171/

Dios, el universo y la vida

Cuando hablo de Dios, el universo y la vida, no lo hago refiriéndome a ningún concepto abstracto. Lamentablemente, la palabra Dios ha sido muy utilizada para generar separación y segregar a las personas.

Tal vez ya no te imaginas a un viejito barbón, que vive en un trono en un lugar separado, que se enoja por todo y que necesita descanso los domingos.

Para mí y en la forma en la que lo utilizo en este libro, Dios, el universo y la vida son exactamente lo mismo y como tú decidas llamarle a esa energía divina es perfecto.

Utilizo mayúsculas en Dios porque es una señal de amor, que resalta el Dios o Diosa que vive en todo y en todos, como una energía de la que emana la vida, la creación, la consciencia y el todo como uno solo.

Tampoco tiene género, ni es una cosa que puedas poseer, o sobre la que puedas tener razón o estar equivocado.

Me gusta mucho usar dos analogías:

Dios es como el sol, siempre esta ahí, siempre esta presente, siempre esta emanando energía y amor para todo y para todos, los seres humanos y los seres vivos somos como rayos de ese sol, no somos el sol perse, pero somos lo mismo y estamos hechos de lo mismo, distribuyendo ese mismo amor y energía en todo lo que hacemos.

Dios es como el océano, es vasto y total, sustenta la vida, los seres humanos somos como un vaso de océano, no le quitamos nada, no lo hacemos menos, pero estamos hechos de lo mismo, no somos el océano como tal, pero somos una parte inseparable de Él como Él lo es de nosotros.


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